jueves, 3 de noviembre de 2016

Yo a Cardiff y tú a Montequinto

De entrada, discúlpenme por lo exagerado del título. Lo normal es que ni el Sevilla se clasifique para la final de la Liga de Campeones (a disputar en Cardiff), ni el Betis baje a Segunda División. De hecho, está por ver que nosotros ni siquiera pasemos octavos de final, aunque, visto como está el equipo, esto sí que es lo más probable, sin quitar un ápice de la dificultad que va a conllevar. Por otro lado, creo que en Primera División hay un ramillete de equipos inferiores a nuestros vecinos, por no hablar de que muchos años hay alguno más o menos potente que se mete ahí abajo. Este año parece que le ha tocado al Valencia y como un equipo de ese nivel no reaccione pronto y se estanque ahí abajo, le puede costar un mundo salir. Nosotros lo sabemos bien.Y ellos mismos pasaron por algo semejante a mediados de los ochenta. 

En verdad, lo que quiero poner en valor es otra cosa diferente. Muchas veces, cuando desde distintos frentes se sigue intentando igualar de alguna manera el nivel de Betis y Sevilla, nos empeñamos en sacar datos, datos y más datos que demuestran de manera demoledora que hay una diferencia sideral entre ambos. Son tantos que a menudo lo que conseguimos es atorar la mente del que escucha y que te salga por peteneras, y todos hemos sufrido esto de lo que hablo alguna vez. Sin embargo, hay ocasiones en las que los datos sobran y basta con observar las sensaciones de unos y de otros. Es como cuando dices "te quiero" y suena mucho más falso que una mirada intensa en medio del silencio.

Desde que, el domingo por la mañana, el Sevilla Atlético diera un festival de fútbol en el Sánchez Pizjuán, se merendara al histórico Elche y se colocara segundo en la clasificación de la categoría de plata, la sensación de canguelo en la acera verdiblanca se multiplicó por mil, llegando a su apogeo durante la tarde, con esa exclamación de aquel cronista bético, lamentándose de que "nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". En la jornada diez, ojo, y con el equipo instalado cómodamente en la mitad de la tabla. Bueno, después de la derrota contra el Español, un poquito más abajo, pero para nada en una situación dramática. 

Un par de días después, y después del descojone generalizado en la parroquia sevillista, los de este lado debatíamos acerca de si nos conviene más quedar primeros o segundos en nuestro grupo de la Champions. Un grupo en el que nos jugamos los cuartos contra Juventus y Olympique de Lyon, dos clásicos de la competición. Anoche, pasamos por encima del Dinamo de Zagreb de una manera absoluta. Sin pisar el acelerador y con importantes bajas. Estamos a un punto de la clasificación matemática y como nos dé por vencer a los de Turín en la próxima jornada (ya lo hicimos el año pasado en mucha peor forma que ahora), seremos líderes pase lo que pase en la última jornada. 

Hoy, estamos todos entre ilusionados y preocupados. Un punto es poco, casi una minucia, pero es que los rivales son de enjundia. Qué pena que la Juventus no hiciera sus deberes contra el Lyon. Y qué grande Sampaoli en rueda de prensa, lamentándose de tal hecho y diciendo que es un asunto que se nos escapa porque nosotros no podemos jugar en todos los campos. Vamos, que si fuera posible, después de golear al Zagreb, este tío sería capaz de decirles a los italianos, "a ver, apartad, que vosotros no sabéis" y jugar nosotros también el partido contra el Olympique, pero con la camiseta y el escudo de la Juventus, ganarles y luego decirles "hala, ya está, ya estamos los dos clasificados".

Lo que quiero decir con todo esto es que el Sevilla está teniendo un crecimiento tan brutal que, muchas veces, ni nosotros mismos nos damos cuenta. Y mucho menos los de enfrente o ese sector de la prensa que se empeña en ver igualdad donde, en verdad, hay un universo de distancia. Y más allá que en los datos, esto se ve en las sensaciones. El crecimiento del Sevilla está siendo brutal, como digo, pero no sólo del primer equipo, sino de todo el club en general, y eso incluye también al Sevilla Atlético. De hecho, el Sevilla Atlético está creciendo tanto que ya está más cerca del Betis que estos de nuestro primer equipo. Y si les dejaran ascender, es probable que les superasen en no demasiado tiempo. Y lo más grande es que ellos lo intuyen. Los de la acera de enfrente, me refiero. Nunca lo van a reconocer, pero lo intuyen. Lo intuyen con tanta intensidad que, en el culmen del apasionamiento, no pueden evitar exclamar "que nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". 

El Sevilla lidera su grupo de la Champions, el Sevilla Atlético está en puestos de ascenso a Primera y en el Betis se temen que les manden a Montequinto. No hay dato estadístico que pueda ganar a algo tan demoledor como eso. 

Por cierto, que los béticos estén tranquilos, que a Montequinto no van a ir. Llegado el caso, seguramente, una grandísima parte de la afición los mandaría allí, pero no la directiva. No esta directiva. Ese partido se jugaría en un Sánchez Pizjuán hasta la putísima bola de sevillistas ávidos de pasar un buen rato decojonándose de risa. Que yo no sé que sería peor, a todo esto.

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