viernes, 26 de agosto de 2016

Sigamos estorbando

Enrique IV fue un monarca castellano que reinó entre los años 1454 y 1474. Es recordado por la Historia como "el impotente", lo cual nadie sabe si es verdad o mentira que lo fuera, pero así se le recuerda porque la Historia la escriben los vencedores y Enrique fue un perdedor. El motivo de ese desprecio se comenzó a fraguar con su primer matrimonio, que le unió a Blanca de Navarra, con la cual se dice que no fue capaz de llegar a consumar, de manera que dicha unión fue anulada por bula papal en 1453. Ya por entonces se rumoreaba acerca de la incapacidad de Enrique. Incluso, se tomó declaración a prostitutas que aseguraron haber tenido relaciones con él, lo cual demostraría que no era problema suyo, sino de su esposa. 

Luego, se casó con Juana de Portugal, hermana de Alfonso V, rey de aquel país, con quien sí que tuvo una hija, llamada también Juana. Pero como la fama de Enrique era la que era, muchos estaban convencidos de que no era hija suya, sino de Beltrán de la Cueva, un noble muy cercano a la reina. De hecho, la comenzaron a llamar "la Beltraneja". Con los años, Enrique llegó a repudiar a su segunda esposa, la cual era acusada de múltiples infidelidades, de manera que las malas lenguas decían que buscaba fuera lo que no recibía en la alcoba. A tanto llegó la mala fama de Enrique y las dudas sobre la paternidad de su hija que, a su muerte, su propia hermana Isabel (la Católica) se apresuró en proclamarse reina, alegando que una bastarda como Juana no podía serlo y que ella era la siguiente en la línea de sucesión. Y la consecuencia fue una guerra civil entre partidarios y detractores de una y de otra, saliendo vencedora Isabel.

Como resultado de todo ello, Isabel la Católica ha pasado a la Historia como uno de los gobernantes más exitosos que ha tenido nuestro país y Juana, simplemente como la Beltraneja. Si la guerra la hubiera ganado el partido de Juana, esta habría sido reina de Castilla (y de Portugal, pues se casó con el rey de este país) e Isabel, simplemente la reina consorte de Aragón, ya que estaba casada con Fernando (el Católico), heredero por entonces de aquel trono. ¿Cuál es la diferencia entre una cosa y otra? La guerra, la victoria y el control sobre lo que decían los cronistas. Los que escribían para la posteridad lo que ocurría en cada momento de la historia. Lo que ocurría o lo que al Poder le interesaba que la gente creyera que ocurría. Los periodistas de la época, por llamarles de alguna manera. 

Esto de que el Poder controle lo que dice "la prensa" ha pasado siempre, bajo las circunstancias de cada momento. Y cuando digo Poder, no me refiero necesariamente a quien gobierna, sino a quien tiene capacidad para ejercer dicho control. En la Edad Media, dicha capacidad solo la tenían los gobernantes y los que estaban cerca de estos, como pasa hoy día en cualquier dictadura. Pero en democracia, en los países libres, ese poder lo puede tener cualquiera con dinero e influencias. Como pasa hoy en día en cualquier ámbito de la vida. Antiguamente, solo los vencedores de las guerras tenían acceso a algo así. Hoy por hoy, no hay que llegar a tanto. No hay que ganar una guerra para tener poder. 

Sea como sea, nunca en la Historia ha habido tanto acceso a la información como hoy en día. En la actualidad, el problema no es tener acceso a la información, como en la antiguedad, sino saber distinguir entre quien te cuenta la verdad y quién te miente y trata de manipularte. A veces es difícil, pero está en nuestra mano. Y como en este blog se habla sobre todo de fútbol y del Sevilla FC, podemos aplicar esta cuestión a ese ámbito. De hecho, ayer se me vino a la mente este tema al ver cómo bramaban los aficionados sevillistas al comprobar, OTRA VEZ, el modo en que se nos ningunea desde la prensa de Madrid, en esta ocasión a cuenta del sorteo de la Liga de Campeones y de los partidos que se van a televisar en abierto.

Igual que, en su época, se trató de convencer a todo el mundo de que Enrique IV era impotente para convertir a su hija en bastarda y, de esa manera, que Isabel pudiera llegar al trono, hoy en día, en lo referente al fútbol español, se intenta anular todo lo que pueda ensombrecer la estrella de los grandes del balompié patrio. De los que tienen poder en este ámbito. Esto es sencillo de entender. Hablando mal y pronto, Real Madrid y Barcelona son algo parecido a una casa de putas, cuya horrorosa gestión les lleva a dilapidar dinero a espuertas, lo cual queda oculto detrás de campañas de comunicación y de lavado de imagen. Son clubes que han sido sancionados por la UEFA, que han sido condenados por Hacienda, que aparecen constantemente en las noticias por motivos judiciales y a quien mucha gente llama abiertamente "mafia" porque sus comportamientos son bastante propios de este tipo de organizaciones. Pero son gente con poder, que tienen medios de comunicación a su disposición y que los utilizan para ese lavado de imagen continuo que tienen que llevar a cabo.

Evidentemente, un club modélico en su gestión como el Sevilla es un verdadero estorbo en este empeño del que hablo, de manera que somos alabados en el resto de Europa, pero ninguneados en nuestro país, lo cual encabrona al aficionado, como no puede ser de otra manera. 

Pero ya no estamos en la Edad Media. Ya no es la época de Enrique IV, Juana la Beltraneja, Isabel la Católica y los cronistas controlados por el Poder. Ahora, el Poder lo tenemos nosotros. O lo podríamos tener, si nos organizásemos como consumidores y dejásemos de eso, de consumir lo que estos medios podridos nos ofrecen. Sea como sea, somos libres de elegir a quién hacemos caso y a quién no. Afortunadamente, hay medios y periodistas muy buenos, más allá de coincidir o no con ellos en las opiniones que de cada asunto expresen. Incluso, muchos de esos periodistas buenos están empezando a rebelarse contra sus propios compañeros. Contra quienes están haciendo que se pudra su profesión. De manera que, entendiendo perfectamente la reacción de tantos y tantos ante este ninguneo que sufrimos, hoy en día lo tenemos sencillo. Basta con quedarnos con quienes nos ofrecen informaciones veraces y análisis serios. Basta con ser críticos y pasar de quienes se empeñan en engañarnos. Y quien se quiera dejar engañar, es su problema. Que sigan retozando en la mierda cual cochino feliz, que nosotros sabemos lo que somos y lo que queremos. 

Siempre lo hemos dicho. Sevilla somos nosotros y estamos solos. No deberíamos sorprendernos cuando pasan estas cosas. Y, aunque veo bien que se denuncie para que quede constancia, no deberíamos pasar de ahí. Concentrémonos en lo nuestro, que lo que tenemos en adelante es de lo más estimulante, y sigamos nuestro camino. Sigamos creciendo. Sigamos estorbando.
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