viernes, 8 de mayo de 2015

This is Sevilla

Y después de décadas de mediocridad, de travesía por el desierto, de decepciones, de impotencia, de rabia... en el minuto cien del partido de vuelta de la semifinal de la UEFA que se disputaba durante el año cien de existencia oficial del club, un jugador de la casa, que llevaba desde niño peleando por cumplir el más grande de sus sueños, con un majestuoso zapatazo, consiguió que el balón describiera una parábola perfecta, que atravesase el área por donde apenas había huecos que atravesar y que se colase en la portería, junto a la cepa del poste, imposible para el portero rival. Fue un gol de ensueño en una noche de ensueño, en plena Feria, con Sevilla engalanada para su fiesta mayor. Fue un 27 de abril. El jugador llevaba el número 27 a la espalda. El jugador se llamaba Puerta y fue, con su gol, quien abrió la puerta de la gloria para el Sevilla FC. A partir de ahí, el equipo cambió como un calcetín al que se le da la vuelta. A partir de ahí, lo que era mediocridad, travesía por el desierto, decepción e impotencia se convirtió en grandeza, caminos de gloria, alegría y orgullo. Pero aquello no fue gratis. El jugador, cual gladiador dispuesto a dar la vida por su causa, tuvo que hincar la rodilla. Y lo hizo en el campo. Ganando. Goleando. Y como dice el himno, "sevillista hasta la muerte", hasta la muerte lo fue Antonio Puerta. Hasta la muerte que conoció en el campo. En su campo. En el Ramón Sánchez-Pizjuán. Él abrió la Puerta, con el 27 a la espalda, un 27 de Abril, en plena Feria, con Sevilla engalanada, en el minuto 100 de un partido del año 100 de vida de su equipo. Un equipo que continuó con su camino de gloria y que guardó la memoria de aquel jugador como un mito. Porque fue él quien lo cambió todo.

Cualquier cronista del Medievo que se preciase montaría una espectacular leyenda histórica con la mitad de argumentos que acabo de enumerar en el largo y pesado párrafo inicial. 

Cualquier nieto resoplaría de aburrimiento esperando a que su abuelo acabase de contar una batallita de la que se cree la mitad de la mitad, porque las batallitas de abuelo son así. Pequeña parte de verdad y gran parte de paja magnificada. 

A quienes nos gusta la Historia, cuando la leemos, a menudo nos cuesta distinguir qué parte es verdad y qué parte es leyenda. Qué ocurrió en realidad y qué es, simple y llanamente, palabrería con la que engrandecer un hecho que, al fin y a la postre, igual no fue para tanto. La gran victoria de Don Pelayo en Covadonga no fue más que una escaramuza a base de pedradas por parte de unos desharrapados. Se dice que el Cid Campeador ganó su última batalla una vez muerto, lo cual es muy romántico y grandioso, pero habría que haber estado allí para comprobar qué pasó en realidad. Miguel de Cervantes lo describió mejor que nadie con su Quijote. El modo en que un señor llamado Alonso perdió la cabeza por tomarse como verdad absoluta las exageraciones relatadas en los libros de caballería. 

Lo que he descrito en el primer párrafo huele a leyenda exagerada que echa para atrás. Pero todos sabemos que no es leyenda. Todos hemos vivido el hecho que se narra y todos sabemos que no hay ninguna exageración en el relato. Ninguna. Que fue tal que así. Y esto que parece una tontería, no lo es. En absoluto. Esto es parte de la grandeza de un equipo. Porque un equipo se engrandece con los éxitos que consigue y con los recuerdos de los éxitos que consigue. Y hay miles de ejemplos que se pueden poner. El Nápoles, quien probablemente sea el rival que nos toque en la final, si llegamos, que también es muy probable, no es un equipo grande por su éxitos. Pero todos recordamos que fue allí donde jugó el mejor Maradona. Y eso lo hace especial. Sí, tiene un buen equipo y un enorme entrenador. No está haciendo la temporada que se esperaba, pero sí bastante buena. Y puede ganar el título. Por supuesto que puede. Pero la grandeza del Nápoles viene porque fue donde jugó el mejor Maradona. 

Los equipos grandes, y los que ya no lo son tanto porque han venido a menos, imponen sus respetos gracias a lo que hacen en el presente y a lo que hicieron en el pasado. El Villarreal no tiene esa grandeza porque nunca hizo nada, pero hoy es más equipo que, por ejemplo, el Athletic de Bilbao. Sin embargo, el Athletic infunde más respeto. San Mamés es La Catedral del fútbol (o fue). La Historia pesa mucho. Demasiado.

Y el Sevilla está empezando ahora a coger ese peso en Europa. Durante esta última década. Porque un equipo puede tener una plantilla sensacional, pero el peso es otra cosa. El peso se gana con el tiempo, con el paso de los años. Ganando, perdiendo, luchando, jugando partidos épicos, goleando inmisericordemente, cayendo con la cabeza alta y pasando eliminatorias con goles en el último minuto. De cabeza. Del portero. 

Todos sabemos lo que leen los futbolistas justo antes de saltar al campo del Liverpool.


This is Anfield. Da igual que el Liverpool esté mejor o peor. Que se encuentre en un momento alto o bajo. Que sea el vigente campeón de la Champions o que haga años que no gana nada. This is Anfield. Y punto. Y, o eres un jugador con aplomo y carácter, o te tiemblan las piernas. Igual, ese cartelito en el túnel es medio gol para el Liverpool antes de que empiece el partido. No te asegura la victoria, ni mucho menos, pero es medio gol. Luego ya suena el "You'll never walk alone" y tenemos tres cuartos de gol.

¿Y por qué "This is Anfield"? ¿Qué tiene de importancia ese lugar? La historia. Las anécdotas, los partidos, las victorias, las derrotas, la épica, los jugadores que pasaron por allí, la infinidad de cosas importantes que ocurrieron en ese lugar. Aquí pasó..., aquí jugó..., ese cartelito lo tocó...

Pues bien, nosotros estamos creando una especie de "This is Sevilla". No llega a lo del Liverpool, ni mucho menos, pero ya no es lo de hace diez años, o lo de cuando Puerta marcó su gol. La de Puerta es la primera leyenda europea que es estrictamente verdad, por mucho que suene a paja magnificada. Y más cosas. Pasaron más cosas, muchas más, y el paso de los años las va engrandeciendo. 

Ahí Kanouté realizó un salto majestuoso y modificó la curvatura espacio-temporal mientras se acomodaba el balón en el pecho. Más allá, Luis Fabiano hizo un recorte descomunal y el defensa aún se está preguntando por dónde hizo que pasara el balón. Aquí, en el círculo central, aún se siente la presencia de Renato. Está bailando con el balón en los pies. Esa, esa de ahí, es la portería en la que solía comenzar los partidos Palop. ¿Recuerdas? Andrés Palop, quien volvió a meter a su equipo en una eliminatoria con un gol de cabeza en el último minuto. Sí, era portero. De hecho, en la final de aquel año fue el gran héroe, parando penalties. Y ahí, junto a la portería..., ahí hincó la rodilla Antonio Puerta. Ahí fue..., perdona, voy a callarme unos segundos que se me quiebra la voz. 

Y añadan ustedes las anécdotas que quieran, a cada uno se le ocurrirán una infinidad. Y los partidos en la cumbre. Y los goles históricos. Y los nombres, y las hazañas de cada uno de los nombres. Añadan, añadan, que todo lo que digan engrandecerá el "This is Sevilla" del que hablaba antes. Que no llega al "This is Anfield", pero el camino que estamos recorriendo es justamente ese. 

Tenemos hasta un himno que muchos comparan con el "You'll never walk alone" por su emotividad. Todo eso junto hace que a los rivales con poco carácter les tiemblen las piernas cuando saltan al césped y oyen rugir el estadio. Eso permite que nuestros jugadores sientan una fuerza extra que les hace mejores. Eso nos da medio gol antes de empezar los partidos. O tres cuartos, quién sabe. Y eso, sin llegar aún a los niveles de los más grandes equipos europeos, es lo que estamos creando aquí, en Sevilla. 

Somos el campeón. Somos respetados. Somos odiados (que es igual que decir que somos temidos y envidados). Yo creo que ni siquiera nosotros mismos somos conscientes de hasta qué punto. Ayer, el presidente del Nápoles, el equipo en el que jugó el mejor Maradona, demostró que ve fantasmas alrededor de nosotros y se cree que la UEFA lo tiene montado para que la copa se la den al Sevilla. El presidente del Nápoles cree que somos capaces de influir hasta ese punto. El presidente del Nápoles. 

Eso es grandeza. Eso es mucha grandeza. Eso es una grandeza de la que nosotros aún no somos conscientes y que solo el tiempo nos la mostrará con toda su intensidad. Porque el tiempo y la perspectiva es lo que hace que este tipo de cosas queden claras. Ahora mismo, estamos creando esa historia. La estamos escribiendo. Solo cuando, en el futuro, la leamos, sabremos hasta dónde llegamos. Y, por fortuna, estará documentada gráficamente y con imágenes, no como lo del Cid. Porque si no, nuestros nietos se aburrirán de escucharnos y nos dirán que nos dejemos de historietas, que somos muy exageraos. 

Exageraos, dice. This is Sevilla, chaval.  



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