¿Imaginan ustedes que de repente surge
alguien asegurando que ha desarrollado la tecnología necesaria para
hacer un viaje tripulado a Marte? No sólo la posibilidad de hacerlo,
sino con costes asumibles y con una duración de viaje prudente.
Además, asegurando el regreso de la tripulación y la posibilidad
de crear una colonia en el planeta rojo, desde la que ocuparlo por
completo y habitarlo. Evidentemente, ese hombre pasaría a la
Historia de la Humanidad como alguien único. Y sería estudiado en
los colegios por los siglos de los siglos. Es lógico, ya que,
gracias a su obra, la Humanidad iniciaría una nueva era. Se trataría
de una revolución brutal que cambiaría para siempre el devenir de
nuestra Historia.
Sin embargo, reconociendo la inmensa
grandeza de la obra de ese supuesto hombre, ¿le concederíamos el
mérito de ser el descubridor de Marte? No, ¿verdad? Pues, salvando
las distancias, y por mucho que nos hayan contado en clases de
Historia, se trata de un caso semejante al que la lógica dicta para Cristóbal
Colón. Porque una cosa es que el lugar a donde llegas no tenga nada que ver con lo que habías imaginado, y otra bien diferente que vayas a un sitio y a mitad de camino te encuentre con otro diferente.
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| Cristóbal Colón |
Lo normal (y esto es comúnmente
aceptado entre los historiadores) es que sí se conociera la
esfericidad de la Tierra, pero no su diámetro, las millas totales de
su circunferencia. Es decir, no se sabía si sería factible, con la
tecnología de la época, hacer una navegación de esa índole sin
morir en el intento. Si los buques podrían cargar con suministros
suficientes para tantos días y si navegarían a la velocidad
necesaria como para que no se pudrieran antes de llegar a la otra orilla del océano. Si se
supiera con exactitud ese diámetro, bastaría restar al mismo la distancia
conocida desde Portugal hasta Japón en su ruta por oriente para conocer la distancia entre esos dos países,
pero por su ruta occidental. O sea, la que pretendía hacer Colón. Y
lo más sensato apunta a que don Cristóbal sabía (o creía saber)
esa distancia y, sobre todo, (y de esto hablaremos en adelante) que
había tierras de por medio en las que hacer escala. Tierras no
dominadas por ninguna potencia, que podían ser anexionadas por
Castilla y servir de puente entre los puertos europeos y los
asiáticos por la ruta occidental. Otra cosa es que no tuviese ni
idea de que lo que había de por medio no eran sólo unas islas, sino
todo un continente, que de eso caben pocas dudas. Pero el objetivo de
Colón no podía ser Asia. Debían ser esas “Islas y Tierra Firme” (como se las
nombra en las Capitulaciones de Santa Fe firmadas antes del viaje)
que había en medio.
Pero esto no es más uno de tantos
enigmas que rodean a un personaje absolutamente fascinante y del que
se sabe la mitad de lo deseable. Un personaje oscuro, casi siniestro,
elevado a la categoría de mito por lo grandioso de su hazaña, pero
que esconde una gran cantidad de misterios porque él mismo se empeñó
en ocultar su origen y el de sus conocimientos.
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| Génova S.XV - Grabado |
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| Rutas comerciales desde Extremo Oriente |
Pero en Portugal rechazaron su
propuesta y se vio obligado a marcharse de allí para ofrecerla en
Castilla, a donde llega en la primavera de 1485. El problema fue que
Isabel, su reina, andaba en aquellos tiempos enfrascada en la
conquista del Reino de Granada, con lo que, a pesar de mostrarse
interesada desde un principio, fue dando largas a Colón hasta que
este se hartó y mandó a su hermano Bartolomé a ofrecer el proyecto
a los reyes de Francia e Inglaterra. No obstante, Isabel, al ver el
peligro de perder esa oportunidad, vuelve a llamar a Colón y
finalmente lo arreglan todo.
El resto de la historia ya la
conocemos. Se descubren unas islas, Colón toma posesión de ellas en
nombre de Castilla, se suceden los viajes posteriores y España acaba
por convertirse en el mayor imperio colonial que ha visto la humanidad en toda su Historia.
Esto es lo que nos enseñaron en el
colegio. Sin embargo, hay una serie de preguntas sin respuesta que
ponen en duda esta versión casi al completo. Preguntas como:
- ¿Por qué, si Colón era genovés,
jamás utilizó el idioma italiano en ninguno de sus muchísimos
escritos? Ni siquiera cuando mandaba cartas dirigidas a otros
italianos.
- ¿Cómo es posible que un simple
marinero de origen humilde sea capaz, en sólo dos años, de seducir
y casarse con la hija de un noble de un país diferente al suyo, al
cual llegó casi como los africanos que hoy arriban a nuestras costas
en patera?
- Es más, ¿cómo tiene esa facilidad
para relacionarse en las cortes portuguesa, castellana, aragonesa,
inglesa, francesa? Y no sólo él, sino también su hermano,
Bartolomé.
- ¿Dónde adquirió esos conocimientos
matemáticos, cartográficos, náuticos, etc. tan avanzados? Se sabe
que utilizaba números arábigos, cuando en la época los normales
eran los romanos. ¿Estudiaba a la vez que navegaba?
- ¿Por qué utilizó una ruta
absolutamente diferente a la ida que a la vuelta?
- Las Capitulaciones de Santa Fe son el
contrato que selló el acuerdo entre Colón y los reyes, de manera
que uno anexionaba las tierras prometidas, y los otros lo convertían
en Almirante, el más alto rango nobiliario posible. Pues bien, en dicho contrato se habla de
“lo que ha descubierto en las Mares Océanas”. ¿Cómo es
posible eso si las capitulaciones se firman antes del primer viaje?
- ¿Cómo es posible que manden a Colón
a tomar unas tierras en nombre de Castilla cuando esas tierras, si de
verdad se dirigía a Asia, pertenecían a poderosos países como
Japón o China? Y sólo con tres buques, sin ningún soldado.
- ¿Por qué recordó Colón a los reyes, en alguna de las muchas cartas que les envió, que el motivo último del proyecto era la conquista de Jerusalén? ¿Qué sentido tiene esa afirmación?
- ¿A qué se refería Colón cuando dijo a los Reyes Católicos que él no era el primer almirante de su familia?
- ¿A qué se refería Colón cuando dijo a los Reyes Católicos que él no era el primer almirante de su familia?
- ¿Qué hizo el Papa Inocencio VIII
para que en su tumba aparezca un epitafio que dice “Suya es la
gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo”, cuando murió una
semana antes de que Colón partiera en su primer viaje, o sea, antes
de que ese Nuevo Mundo se “descubriera”?
Como comprenderán, si durante siglos
los historiadores no se han puesto de acuerdo, no voy a ser yo quien
dicte sentencias ahora. Pero, a lo largo de la serie de artículos que publicaré en adelante, trataré de exponer la densa nebulosa que rodea la vida de Cristóbal Colón, incluyendo, por supuesto, su gran gesta. Intentaremos aplicar la lógica, el sentido común, a la hora de creernos o no un buen número de capítulos de la historia oficial (que, ya les digo de antemano, no hay por donde cogerla en muchos aspectos). Procuraremos no dejarnos llevar por teorías disparatadas, sino aplicar la sensatez en cada uno de los asuntos que generan dudas. Y, en definitiva, haremos un esfuerzo por encontrar una secuencia lógica para el sensacional acontecimiento que fue el Descubrimiento de América y a la vida de la persona que lo hizo posible. Una vida llena de claroscuros, de cosas sin sentido, de misterios, de incongruencias. Una vida emborronada a drede porque hubo muchos intereses contrapuestos entre los poderosos de su tiempo. Una vida absolutamente fascinante de la que, por desgracia, conocemos bastante menos de lo que quisiéramos.
Por mucho que nos contaran en el colegio.
Continua...
Por mucho que nos contaran en el colegio.
Continua...



