viernes, 11 de abril de 2014

¿Qué coño sabían los portugueses?

No tenían ni idea. ¿Qué iban a saber?

Hace unos días le preguntaban a un tal Carlos Eduardo, jugador del Oporto, sin temía por el ambiente que se iban a encontrar en Sevilla en el partido de vuelta. Y el ínclito futbolista respondió con suficiencia, diciendo que ya habían jugado en Nápoles y que les vencieron. Con todos mis respetos al Nápoles, a los tifosis y a los italianos en general, Carlos Eduardo no tenía ni puta idea. Dicen que la ignorancia es muy atrevida, y este jugador pecó de atrevimiento. Podemos culparle de eso, pero no de su ignorancia. La ignorancia se soluciona con experiencia. Carlos Eduardo ya no es un ignorante. Al menos en el tema del que hablo, Carlos Eduardo ya no es un ignorante. 

Como digo, ¿qué coño sabían los portugueses? Nosotros sí, pero ¿ellos? ¿Acaso ellos vivieron lo que nosotros hace ocho años? No me refiero a ganar partidos continentales, que de eso el Oporto sabe bastante más, sino de lo que es capaz el Sevilla cuando hay simbiosis. Cuando se juntan la grada, lo que no es la grada, los jugadores, los futbolistas que no juegan, los directivos, los empleados... todos. Cuando todo se junta. ¿Acaso lo sabían? Ahora, sí, pero ¿ayer a esta hora? Se lo podían imaginar, lo podrían intuir, seguramente Carlos Eduardo debería haber sido más prudente, pero no. No tenían ni idea. No sabían nada. Ahora, ya lo saben. 

Porque lo de anoche fue algo memorable, histórico. Lo de anoche es para dejar escapar lágrimas de orgullo, para reventar de sevillismo, para reírse a carcajadas y llorar a continuación. Por mil motivos. En mi caso, por ejemplo, por la pena que me da que mi abuelo, quien me hizo sevillista, no haya podido ver esto porque va para 30 años que murió. Cómo la habría gozado. Lo sé perfectamente, es como si lo estuviera viendo. Y esto es así, lo de anoche, lo que supuso lo de anoche. Pero, aparte de eso, ¿a alguien le sorprende lo de anoche? ¿Alguien habla de eso, de sopresa? Fuera de Sevilla, no lo sé. Pero aquí, nadie. Esto se sabía. Esto se veía venir. Y no es por fanfarronear, es que las cosas son como son, ya lo sabemos, ya lo hemos vivido, somos perfectamente conscientes de lo que pasa cuando todo se junta. Lo dijo ayer el presidente: ¿qué más da quien nos toque de rival? Estando como estamos, les eliminamos seguro. 

Y eso es lo mejor de todo. Que estando como estamos, muy probablemente nos llevemos de nuevo el título. Si no es así, no. Si no es así, no somos tan fuertes, ni tan poderosos ni tan experimentados como otros equipos. Pero estando como ayer, somos imbatibles. Eso lo sabemos. Eso ya lo hemos vivido. Eso es de lo que no tenían ni idea los portugueses. Por eso Carlos Eduardo pecó de atrevimiento. Porque la ignorancia es muy atrevida. Pero ya no es un ignorante. Seguro que la próxima vez será más prudente. No es mal chaval. Es que no sabía, hay que entenderle. 

En estos últimos años hemos hablado frecuentemente de esto. En estos últimos años ha habido división en el sevillismo. Por diferentes motivos, cada uno con sus razones, con sus poderosas razones, pero ha habido división. Y por eso volvimos a la mediocridad. Que esto no es culpa de nadie y culpa de todos al mismo tiempo. Que la afición necesita algo, un poquito, muy poquito, pero algo para entregarse. Y en los últimos años se ha entregado muchas veces para llevarse un palo tras otro. Y ese poquito se lo tienen que dar los jugadores. Pero, claro, si por la razón que sea esa división comienza en el vestuario y son los futbolistas los primeros en no rendir como Dios manda, la cosa empieza a complicarse. Aún así, no se le puede echar toda la culpa a ellos. Por que a esos ellos los trae alguien. Y ese alguien también es responsable. Y al final, entre una cosa y otra, hemos padecido un fracaso tras otro durante tres o cuatro años. Desde aquella Copa del Rey de 2010 que fue nuestro último título, no hemos vuelto a tener ningún éxito. Ni de mediana consideracion. Aunque eso sí, yo firmo donde sea para que nuestros mayores fracasos sean quedar novenos en liga. Pero para lo que es el Sevilla desde el último ascenso, eso es un fracaso y como tal supone decepción. 

Pues bien, esto se acabó. Al menos se le ha dado un giro total a la situación. Este verano pasado se decidió hacer limpia general y ahí empezó todo a cambiar. Para bien. Ya se vió en aquel desplazamiento a Estoril, lo recordaba ayer Unai Emery. Y de esa manera comenzaba algo que a mi me tiene acojonado, sobrecogido. El asombroso paralelismo que hay entre esta temporada y la de hace ocho años. Cambien Estoril por Madeira. Cambién Rácing por Cádiz. Cambien, cambien lo que quieran. Sea lo que sea en lo que piensen, encontrarán un cambio acorde. Incluso el 4-1 de ayer se corresponde con el que le metimos al Zenit hace ocho años en cuartos de final. Y la marcha de nuestro mejor delantero (Baptista - Negredo) y nuestro mejor canterano (Ramos - Navas). Y un entrenador envuelto en dudas. Y una primera vuelta mediocre. Y una eliminación temprana en Copa del Rey. Y un comienzo de segunda vuelta dubitativo. Y bronca desesperada en la grada. Y dudas, y dudas, y más dudas. Y, de repente, el equipo llega al último cuarto de la competición como un verdadero ciclón y se come a quien sea que se ponga por delante. Y..., bueno, lo siguiente está por ver si se cumple como hace ocho años, pero...

¿Y qué coño sabían los portugueses de esto? ¿Cómo lo iban a saber? Igual alguien les contó algo, así por encima, pero ¿lo vivieron ni ná como para entenderlo mínimamente? Ahora ya se hacen una idea mucho más fundada, pero ¿y ayer a esta hora? Claro que ya es tarde. Ya no hay nada que hacer. Y mira que son buenos. Con sus bajas y todo. Pero no es suficiente. Nada es suficiente. Si hace dos semanas le remontamos un 1-0 al Real Madrid. Ni siquiera el Real Madrid, con todos sus millones y esos artificios pseudo-mafiosos que utilizan para engrandecerse a costa del empequeñecimiento de los demás. Pero lo de ayer no se compra con millones. Con millones, con algunos de ellos, se confecciona una plantilla lo bastante buena como para ganar partidos. Pero lo de ayer, el empujón de lo de ayer, eso se tiene o no se tiene. Nosotros lo tenemos. Los demás, no. Y eso los portugueses no lo sabían. 

Y lo de ayer, la simbiosis, lo que se consigue con la simbiosis, eso es algo mucho más importante que pasar a unas semifinales. Eso es algo que se está grabando a fuego en lo que somos como colectivo. En los negocios se llama "cultura empresarial", refiriéndose a unos valores únicos que caracterizan a ciertas organizaciones y que apelando a ellos se logra el éxito. No todas los tienen, pero quienes sí, son más fuertes que las demás. Mucho más. De hecho, algo así es un verdadero tesoro para cualquier colectivo. El "hasta la muerte", el "manquepierda", lo de las remontadas épicas y el "espírito Juanito" en el Real Madrid, los "valors" del Barça, el "this is Anfield" que los jugadores del Liverpool ven escrito en la pared en el túnel, justo antes de saltar al campo. Hay muchos ejemplos. Y nuestro "hasta la muerte" que acabo de mencionar está muy bien, pero lo de ayer es mucho más. Lo vivimos hace ocho años. Y hace siete. Lo rescatamos en la vuelta contra el Betis. Lo volvimos a aplicar anoche. Y si somos capaces de mantenerlo, de convertirlo en nuestra seña de identidad, habremos crecido incluso más como club de fútbol. ¿Que como se llamará? No lo sé. Yo me he referido a ello como simbiosis. Es la unión de todos en pos de un objetivo. Es aparcar las diferencias cuando la búsqueda del bien mayor se impone. Es el ir todos a una. Es el ser consciente de lo que pasa cuando lo hacemos. Es el ser imbatibles. 



Pero, claro, ¿qué coño sabían los portugueses de todo esto?

Ahora, ya lo saben. 

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