lunes, 24 de noviembre de 2014

Ni nosotros, ni ellos, ni flauta ni árbitro.

Las reacciones que tenemos los aficionados ante cualquier partido de fútbol, y en especial cuando el rival es uno de los grandes, dan para experimento sociológico y de los caros y laboriosos, eso lo sabemos todos. 

Ante un choque como el del sábado podemos pasar de pedir que juegue el filial (y que se coman entre ellos esta mierda de liga de dos), a reivindicar la grandeza del Sevilla y reclamarles que salgan a morir; luego, pensar que sea lo que Dios quiera y a ver si suena la flauta; más tarde, lamentarse de la alineación que presenta el entrenador (como si tuviera opciones de sacar algo considerablemente mejor); ya con el partido iniciado, echarle la culpa de todo al árbitro; después, a la mala suerte; más tarde, acordarse de los ancestros de Tebas como "máximo responsable" de la inmensa diferencia entre ambos equipos; a continuación, comenzar a mirar a los jugadores propios y su supuesta falta de huevos sobre el césped; ya casi al final, resignarse ante la inminente goleada; y finalmente, pedir la cabeza del entrenador, haya hecho lo que haya hecho previamente. 

Y esto es TODOS los años, dos veces en la primera vuelta, dos veces en la segunda y alguna más si se da el caso de emparejamiento en la Copa del Rey o en competición europea. 

El sábado, mientras veía el partido, publiqué el siguiente tuit.



Creo que es evidente. A mí la crítica me parece indispensable. Pero una crítica mal hecha es tan inútil y dañina como el exceso de autocomplacencia. Es profundamente injusto juzgar el trabajo de técnicos y jugadores por el desarrollo de un partido contra uno de los grandes. A la hora de hacer ese juicio, es indispensable lo que decía en el tuit: partir de la base de la enorme diferencia que hay entre ambos equipos. Nunca, jamás, en la vida, se puede hacer esa crítica poniendo a ambos conjuntos de igual por igual. 

En este sentido, empezando por la alineación, a una gran parte del sevillismo nos parece que Beto es un portero como mucho regularcito. Eso es evidente. Pero supongamos que tuviésemos la posibilidad de traernos algo del pasado para utilizarlo en el presente y hubiéramos puesto a Andrés Palop en la portería. ¿Hubiese cambiado el resultado? No. El problema no es que Beto sea regulín tirando a malillo. El problema es que el Barcelona es inmensamente superior al Sevilla. 

Lo mismo podemos decir de Coke, que es un lateral flojete, siendo benévolos, pero con él de titular fuimos campeones de la Europa League. Que eso no lo hace bueno, pero que su participación no hunde al Sevilla en el desastre. O sí, pero de igual manera que lo eleva a la gloria. Quiero decir que el problema no es Coke tampoco. Ni Diogo por la izquierda. ¿A quién ponemos si no? ¿A Kolo? ¿Y con Kolo de lateral el resultado hubiese sido distinto?

¿Y lo de poner a Banega de titular en el medio centro? ¿Valiente, arriesgado, suicida...? ¿Mejor la "cabra loca" de Mbia, que venía quemado de sus partidos con la selección? ¿Seguimos? Supongo que cada uno tendrá su opinión acerca del once o del planteamiento que debió de ponerse. Pero la pregunta clave es: ¿el resultado hubiese sido distinto? 

Ya lo digo yo. No. El verdadero problema no es el once o el planteamiento. El verdadero problema es que el Barcelona es inmensamente superior al Sevilla. Tanto, que la "súper - mega - estrella" del vigente campeón de la UEFA es hoy un futbolista del montón del equipo catalán. Se suele decir que para ganar a equipos como este, ellos han de tener un día aciago, nosotros un día iluminado, ha de sonar la flauta y el árbitro se debe comportar. Resumiendo, ganar allí es como una raya en el cielo. 

Sobre esta base se han de hacer todas las críticas. Que esto no quiere decir que no deba haber críticas, sino que se deben hacer sobre esta base. Lo digo porque hay muchas personas que se quedan en el blanco o el negro y no entienden de grises. Crítica, sí. Crítica absurda, no. (Aún así, habrá quien me tache de autocomplaciente, pero esto es siempre así. Hay gente para todo).

Según el partido que yo vi, el Sevilla comenzó compitiendo bien, aguantando al Barcelona sin agobios de consideración, pero, eso sí, sin llegar arriba, ya que la línea de media punta, en especial Denis Suarez, no tenía su día. Que no es que sean malos, es que no tenían su día. Es que, seguramente, el escenario les quedaba grande. ¿Por qué está Denis en el Sevilla y no en el Barcelona? Pues porque el Barcelona le queda grande. ¿Qué pasa, normalmente, si pones a Denis a jugar con el Barcelona en el Nou Camp? Que como le queda grande, no tiene su día. ¿Cual es el problema? ¿Denis? No. El problema es, como vengo diciendo, que el Barça es inmensamente superior al Sevilla. 

Aun así, el Sevilla aguantaba hasta que el árbitro se sacó una falta al borde del área que no existió y Messi la puso en la escuadra. Que igual si Krychowiak hubiese saltado, el balón no habría entrado. O sí, no lo sé. Seguramente, este hubiese sido un hecho sin relevancia si el rival fuese el Eibar, el Córdoba o el Rijeka. Pero como el Barça tiene a Messi, eso fue gol. Es la diferencia entre ambos clubes. El árbitro que se arruga en el campo del grande, y el grande que lo es porque tiene jugadores que la enchufan. El Sevilla estaba compitiendo, pero el Sevilla tiene a Denis y el Barça, al árbitro y a Messi. ¿Cómo se lucha contra eso? No se puede luchar contra eso. En casos como este, la flauta tiene que sonar, y para nosotros el otro día no sonó. 

A partir de ahí, el Sevilla siguió compitiendo, pero con el mismo éxito que hasta entonces: ninguno. Para colmo, y esto lo vimos todos, si los sevillistas soplaban a los barcelonistas, era falta. Si los barcelonistas pegaban una patada a los sevillistas, según. "Ya veremos", diría el árbitro. Cualquiera que haya jugado en un equipo de fútbol sabe cómo desquicia eso. Quien no haya jugado, se lo imaginará, pero quien lo haya hecho, lo sabe. Te va minando poco a poco, te va sacando de tus casillas. Por mucho que estés concentrado y concienciado, eso acaba afectándote. No es sólo que el Barcelona sea inmensamente superior al Sevilla, sino que, además, a los jugadores del Sevilla los desquician con ese tipo de arbitraje. Imagino que pasa igual con el resto de equipos. 

A pesar de todo, se llega al descanso con ese 1-0 y en la reanudación, en una enorme jugada de Vitolo (de la que apenas se ha hablado), el Karma funciona y compensa el error arbitral en la falta que no fue y que originó el gol de Messi. Gol de rebote y el Sevilla que empata el partido. Pero la alegría dura un minuto, al árbitro vuelve a errar y el Barcelona se vuelve a poner por delante en un gol que tampoco debió subir al marcador por falta del delantero. En ese momento supe que nos goleaban. No era solo que el Barcelona es inmensamente superior, sino también que el árbitro estaba desquiciando a los jugadores inferiores y, para colmo, junto a todo eso, la suerte nos es hija de puta. No esquiva, sino hija de puta. Nos enseña el caramelito, para esconderlo cuando lo vamos a coger. Este tipo de cosas, la suma de todo esto que estoy relatando, desquicia completamente a los jugadores. Los destroza mentalmente. A partir de ahí, era muy difícil que un equipo como el Sevilla se repusiera. A partir de ahí, solo quedaba saber cuántos caerían. 

Y, efectivamente, a partir de ahí, el Sevilla fue lamentable. Pero a partir de ahí, no antes. Y por las razones que vengo diciendo. Insisto, hay que ser justos y objetivos en la crítica. A cualquier equipo del nivel del Sevilla le hubiese pasado lo mismo que al Sevilla el otro día. A cualquiera, y eso lo hemos visto infinidad de veces. Un equipito joven y bisoño como el nuestro que es barrido del campo por el todopoderoso Barcelona, una vez el árbitro y la suerte hicieron su trabajo. Insisto en lo que decía antes: para ganar a un equipo de estos, ellos han de tener su día aciago, nosotros, nuestro día iluminado, el árbitro se ha de comportar y ha de sonar la flauta. No se cumplieron algunas de esas variables y pasó lo que suele pasar. 

Por supuesto, el Sevilla ha de pensar muy mucho qué pasó porque, sea como sea, que te goleen por 5 a 1 es siempre vergonzoso. Habrá cosas que mejorar, tendrán que trabajar, yo qué sé, yo no soy técnico. Pero echar las pestes que se echaron a este equipo el sábado me parece de lo más injusto. Juzgar a este o aquel jugador por su actuación en el Camp Nou no es de recibo. A los jugadores se les juzga por una trayectoria, no por un partido en el campo de un grande. Y aún así, aun aceptando (como ya he hecho) que hay jugadores en el Sevilla que no dan el nivel, ni siquiera poniendo a otros la cosa hubiese cambiado. 

Y, por supuesto, pedir la cabeza del entrenador ya me parece surrealista. Y eso que yo nunca fui pro-Emery, pero, por una derrota en el Camp Nou en estas circunstancias de las que he hablado, pedir que se vaya cuando nos ha hecho campeones de Europa con un equipo nuevo y ha firmado el mejor inicio de temporada de la historia del club con otro equipo, nuevo sobre el nuevo, me parece ya ridículo. 

Como decía al principio, las reacciones que tenemos los aficionados al fútbol dan para experimento sociológico. Supongo que estas reacciones fueron en caliente por la decepción y la tristeza de ver a tu equipo vapuleado. Pero, ya en frío, deberíamos tener claro los motivos y las causas. Porque si eso no es así, no haremos más que dar palos de ciego a ver si atizamos a alguien, pero sin mirar a quien damos. Y con eso podemos romper lo que funciona y dejar intacto lo que nos daña.

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