jueves, 20 de junio de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (y VII)


EL PORQUÉ DE LA CONFUSIÓN: LOS PLEITOS COLOMBINOS


Capítulos anteriores: (I) - (II) - (III) - (IV) - (V) - (VI)


Hernando Colón
Que Cristóbal Colón fue un personaje oscuro que trató por todos los medios de ocultar su origen es algo de lo que no cabe la menor duda. Pero, seguramente, la enorme confusión que domina su biografía no sea tanto culpa de él, como, principalmente, de su hijo Hernando. Don Cristóbal jugó sus cartas para conseguir lo que se proponía. Y muy bien que lo hizo porque lo consiguió, a pesar de que (como veremos) en verdad no cumplió con su parte del trato con los reyes. No del todo. Y he aquí el germen de toda la confusión que hemos heredado, ya que la familia Colón tuvo que pelear de lo lindo para para recibir el legado que su padre tanto se trabajó. O buena parte del mismo. Los títulos y prebendas que se concedieron al Almirante en las Capitulaciones de Santa Fe eran hereditarios. Pero Fernando el Católico (una vez fallecida su esposa Isabel en 1505 y don Cristóbal un año después) hizo todo lo posible para recortar derechos a la familia del Almirante, la cual movió cielo y tierra para evitarlo, hasta el punto que muchos documentos que hoy nos podrían servir de base para construir una biografía decente y creíble de Don Cristóbal fueron manipulados, extraviados o hasta destruidos. Estoy hablando de los conocidos como pleitos colombinos entre la familia Colón (representada sobre todo por Hernando) y la Corona de Castilla. Pleitos que se prologaron entre 1508 y 1536 y que, gracias a las declaraciones de la infinidad de testigos que intervinieron, suponen la mayor fuente de información para los historiadores, y, desgraciadamente, también de confusión. 


Recorrido que Colón siguió en su cuarto viaje (1502 - 1504)
Durante toda esta serie he repetido hasta la saciedad que el objetivo de Cristóbal Colón no podía ser Asia, sino unas islas y tierras intermedias que sirviesen de puente con Extremo Oriente, de manera que se pudiera establecer una ruta comercial más corta que la que pretendían los portugueses bordeando Africa. Pero que yo defienda que el objetivo era ese no quiere decir que Asia no tenga nada que ver. El objetivo real era tomar esas tierras intermedias, pero para, efectivamente, acabar llegando a Asia, algo que nunca logró hacer Colón, evidentemente porque no sabía que lo que allí había no eran sólo unas islas, sino todo un continente que cortaba el paso a la navegación hacia Japón y China. De hecho, el Almirante buscó con ahínco cualquier signo posible con el que pudiera identificar algún lugar de Asia conocido en Occidente. Incluso, llegó a confundir Cuba con Cipango (Japón). Y una vez comprendió que las islas del Caribe no tenían nada que ver con Extremo Oriente, se lanzó hacia Centroamérica, obsesionado con encontrar un paso para seguir la navegación hacia Occidente hasta dar con Asia, cosa que no logró. Vean si no el recorrido que siguió en el cuarto viaje en la foto que se adjunta. Cristóbal Colón nunca aceptó su derrota. Estaba convencido de que lo que descubrió no eran más que islas, alguna de ellas quizás lo bastante grande como para albergar un río tan caudaloso en su desembocadura como el Orinoco, pero nunca un continente. Y murió con ese convencimiento. 
Americo Vespucio
Por eso el continente no tiene un nombre que haga referencia a Colón. Se llama América porque fue Americo Vespucio (que acompañó a Colón en algunas de sus expediciones) el primero en decir que aquellas tierras eran un continente, de manera que cuando por primera vez se dibujó un mapa considerando como tal a esas nuevas tierras (lo hizo el alemán Matthias Ringmann en 1507) se le dio el nombre de América en honor a él. Gracias a la imprenta, el mapa se divulgó rápidamente y ese nombre tan injusto se quedó para siempre. Aún así, durante siglos, los españoles conocieron a sus colonias como las Indias. El vocablo América tiene poco que ver con nosotros, por tanto. 


Sin embargo, el germen de los posteriores pleitos es anterior a esto. Dicho germen hay que encontrarlo en 1500, cuando, en vista de las quejas por el mal gobierno de los Colón en La Española, los reyes enviaron al juez Francisco de Bobadilla para que pusiera orden, y este apresó a los tres hermanos (Cristóbal, Bartolomé y Diego) y los envió encadenados a Castilla. Una vez allí, los reyes les liberaron, pero quitaron a Don Cristóbal el título de Gobernador. Este falleció en 1506, y en 1508, ante la insistencia de su hijo Diego (no confundir con el anterior Diego mencionado, que es su tío), le fue concedido el título de Gobernador, pero no de Virrey. Además, se le concedía en las mismas condiciones que su antecesor, Nicolás de Ovando (que fue puesto ahí por los reyes en 1500 tras el mencionado arresto de Colón), es decir, que no era un título hereditario, sino que correspondía al rey mantenerlo o sustituirlo. Los Colón apelaron entonces a lo firmado en las Capitulaciones de Santa Fe, y los reyes al hecho de que, efectivamente, Cristóbal Colón no cumplió con todo lo acordado. Para colmo, es aquí donde hay que colocar también el pleito, del que ya hablamos en el anterior capítulo, que interpusieron los Pinzón, reclamando que fue Martín Alonso, y no Colón, el gran artífice del Descubrimiento. Si querían sopa, ahí van dos tazos. 


Como vemos, los intereses contrapuestos son muchos. Y los beneficios para los vencedores, enormes a su vez. Razón de sobra para que los litigantes pusieran todo de su parte en defensa de lo suyo. Y cuando hablamos de todo, incluimos, como decía antes, la manipulación y destrucción de documentos, y también su falsificación. Las mentiras, las medias verdades, la compra de voluntades, sobornos a testigos, acuerdos en la sombra..., todo lo imaginable. Hablamos de un título de virrey, de gobernaciones de territorios, de distinciones nobiliarias, de porcentajes sobre todos los beneficios generados por el comercio con lo producido o extraído en las tierras descubiertas. De riquezas colosales, en definitiva. Imaginen, pues, hasta qué punto pudieron llegar aquellos litigantes a la hora de engrandecer los méritos de los suyos, de esconder los deméritos y de justo lo contrario con los oponentes. 

Lo que aquellos pleitos proporcionaron a los historiadores fue una ingente cantidad de material para investigar. Pero, desgraciadamente y como digo, los intereses eran tan fuertes que a menudo la fiabilidad de lo declarado por los testigos y de los documentos aportados es puesta en duda por cualquiera que no esté de acuerdo con la versión dada por unos o por otros. Y, lamentablemente, es cierto que esa fiabilidad es bastante discutible. No se sabe bien hasta qué punto los documentos eran ciertos o estaban manipulados. Tampoco si lo que decían los testigos era verdad o el resultado de un soborno. Se alude a papeles que "misteriosamente" desaparecieron, o se aportan otros que posteriormente se demostraron falsos. Si ya de por si don Cristóbal se empeñó en ocultar parte de su vida, los pleitos colombinos acabaron por echar por tierra cualquier esperanza de poner un poco de orden en esa biografía. 

Para colmo, en medio de todo este maremágnum de intereses encontrados, nos topamos con Hernando de Colón, un personaje aún más oscuro y siniestro que su padre, manipulador y mentiroso hasta extremos casi enfermizos. Cierto es que sus fines eran loables. Lo único que quería era defender la memoria de su padre, engrandecer su figura, con el objetivo de salvar su honor, y también de conservar su legado. De hacer cumplir lo pactado en las Capitulaciones de Santa Fe y que la herencia de su padre fuera recibida por su familia. Pero es que este señor se pasó de la raya, llegando a escribir una biografía llena de exageraciones, de manipulaciones y que llega al punto de resultar hasta ridícula si lo que se busca es respetar el sentido común. Sorprendentemente, se trata de la biografía oficial del Almirante. La ortodoxa, la que se defiende desde la Academia de la Historia casi en su totalidad. Y cualquier amante de este capítulo de nuestro pasado, cualquiera que haya leído un poco más de lo que se nos hace recitar como papagayos, sabe que si alguna vez algún historiador se le ocurrió poner en duda lo que sea de esa biografía oficial, poco menos que fue acusado de herejía y propuesto para su correspondiente quema en la hoguera. 

Eso no es óbice para que teorías alternativas las haya a puñados. Algunas ridículas y otras más o menos elaboradas. Pero muy pocos historiadores se han tomado esto lo bastante en serio como para buscar de verdad algo de luz para la vida de uno de los personajes más importantes de nuestra historia; para un acontecimiento tan capital en la misma que hasta da fecha a nuestro Día Nacional.

Los pleitos acabaron por darle la razón a la familia Colón, aunque no del todo. Siguieron ostentando el título de Almirante, pero no de Virrey ni de Gobernador. Se crearon y les concedieron los títulos hereditarios de Adelantado Mayor de las Indias, Marqués de Jamaica y Duques de Veragua, asignándoles, en referencia a este ultimo, una importante porción de territorio en lo que hoy es Panamá y Costa Rica. Se les otorga el título a perpetuidad de Alguacil Mayor de Santo Domingo y, aparte, se les conceden otro tipo de prebendas en materia económica. Esto ocurrió en 1537, y todo ello recayó sobre la figura de Luis Colón, hijo de Diego Colón y nieto de don Cristóbal. Sin embargo, y debido a la imposibilidad de gobernarlo, don Luis renunció en 1556 al territorio de Veragua en favor de la Corona y a cambio de una importante renta anual, la cual se estuvo pagando a sus herederos hasta 1898.

Hoy día, todos estos títulos (y un buen número más que se sumaron durante los siglos posteriores) siguen vigentes y recaen sobre la figura de Cristóbal Colón de Carvajal y Gorosábel, que lógicamente es descendiente de Cristóbal Colón (y cuyo padre, Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto, fue asesinado por ETA en 1986). Después de la independencia de las colonias durante el siglo XIX y de la desaparición definitiva de nuestro Imperio en 1898, es lo que nos queda de aquella gloriosa época en la que llegamos a ser, sin discusión, la primera potencia mundial; y Sevilla, en concreto, la ciudad más importante de esa primera potencia, gracias al monopolio del comercio con las Indias que mantuvimos hasta 1717. 


Banderas Hispanas
Por último, no quisiera terminar esta serie sin hacer una reflexión: en estos tiempos tan difíciles en los que la unidad de nuestro país se pone en entredicho, en los que nuestros complejos históricos florecen y se hacen inmensos, cuando parece que decir que eres español es sinónimo de facha y/o vago, cuando se utiliza algo tan trivial como el fútbol (u otros deportes) para elevar esa autoestima que tenemos tan baja, no está de más acordarse de vez en cuando de lo grandes que fuimos. De la Historia que nos respalda. De que, igual que hay muchas cosas de las que avegonzarnos (que las hay), también existen otras de las que sentirnos orgullosos. 

Y, en especial, si eres andaluz. Porque fue aquí, en Andalucía, donde se gestó todo. Porque no es casualidad que todos los personajes más importantes de toda esta historia que hoy termino de contar estén enterrados en nuestra tierra. Los Reyes Católicos en Granada y los Colón en Sevilla. Porque mientras el Centro y el Norte de España estaban sumidos en la oscuridad, Andalucía era una tierra cosmopolita, abierta al mundo, receptora y asumidora de todo tipo de culturas. Y ahí está nuestro legado para corroborarlo. Y por eso, quizás, lo hispano se asimila a lo andaluz fuera de España. En las artes, en la música, en la imagen que proyectamos. Lo que un extranjero reconoce como español es casi siempre algo típico andaluz. Y esto, como digo, no es casualidad. Esto tiene mucho que ver con la Historia. Con cosas como las que he contado en esta serie.  

No está de más recordarlo. Aunque solo sea para no olvidar que somos más de lo que nos creemos y que somos capaces de más de lo que hacemos. 

1 comentario:

juan antonio de la rosa dijo...

Estaba esperandolo,me tienes enganchado . Un Abrazo
Triana1952

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