viernes, 7 de junio de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (V)

COLON EN CASTILLA

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"Las cosas suplicadas e que Vuestras Altezas dan e otorgan a don Christoval de Colon, en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las Mares Oceanas y del viage que agora, con la ayuda de Dios, ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen:"


Capitulaciones de Santa Fe
Este es el primer párrafo de las Capitulaciones de Santa Fe, cuyo texto completo pueden leer aquí. Lean bien y alucinen, porque dice textualmente "en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en las Mares Océanas". De lo que ha descubierto. Estamos hablando de un contrato entre los reyes y un extranjero al que, si cumple con su parte y entre otras muchas cosas, se le va a conceder la distinción de Almirante, es decir el más alto rango nobiliario posible en la época. No se trata de un asunto baladí, más bien todo lo contrario. Por tanto, la redacción del contrato no se pudo hacer deprisa y corriendo (paso previo a cometer algún error), sino de una forma concienzuda y minuciosa. Y en dicho contrato pone "en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en las Mares Océanas". Si después de leer esto, alguien sigue pensando que Colón no sabía a donde iba, es, simple y llanamente, porque está obcecado en una versión que no se sostiene para nada.


Sabemos que el proyecto de don Cristóbal fue rechazado en Portugal y que tuvo que rogar mucho para que en Castilla le diesen el visto bueno. Pero la lógica (lo que intento aplicar continuamente en toda esta serie) dice que eso fue así, no por la "locura" que estaba planteando, sino por lo que exigía a cambio. De hecho, dichas exigencias eran descomunales. Y de hecho también, se sabe que el rey portugués envió una expedición por su cuenta para tratar de averiguar cuánto de verdad había en lo que aseguraba Colón, con el objetivo evidente de alcanzar esas islas sin necesidad de conceder tantísimo a un extranjero. Huelga decir que esa expedición no obtuvo éxito, y fue tras ella cuando el rey luso envió a Colón aquella carta de la que ya hemos hablado. Esa en la que le llamaba "amigo" y le aseguraba que no tendría problemas con la justicia si regresaba. Colón regresó, efectivamente, y se reunió con el rey, pero, por la razón que fuera, no llegaron a un acuerdo.

Y esto de que el gran problema eran las exigencias de Colón se demuestra de un modo sencillo. Fletar tres buques era algo que estaba perfectamente al alcance que cualquier persona bien posicionada, no era necesaria la intervención de ningún rey. ¿Cuántas expediciones comerciales se organizaban diariamente en  la Europa de la época? De hecho, como veremos más adelante, don Cristóbal tuvo convencidos a importantísimos nobles andaluces, como los duques de Medina Sidonia y de Medinaceli, pero lo que él pedía no eran sólo barcos, sino mucho más (por ejemplo, los títulos nobiliarios), y eso sí que sólo estaba al alcance de los monarcas. 
Monasterio de La Rábida


Cristóbal Colón llegó a Castilla en la primavera de 1485. Lo hizo por mar y llegó a La Rábida en unas condiciones lamentables. Como un mendigo, practicamente, pidiendo caridad a los monjes franciscanos del convento onubense. Hay que reconocer que la vida de este hombre es verdaderamente apasionante. La de cosas que le pasaron. Es de lo más curioso que llegase a nado a Portugal y como un mendigo a Castilla. ¡Qué cantidad de avatares tuvo que pasar! El caso es que no se sabe bien cuándo salió de Portugal. De hecho, hay alrededor de tres meses que son un auténtico misterio, de los que no se sabe nada. Los tres meses justo anteriores a su llegada a La Rábida y de los que voy a hablar a continuación. Pero empecemos por el principio.

Mapa de Piri Reis
Ese que ven a la derecha es el llamado "Mapa de Piri Reis", el cual se conserva en el museo Topkapi Sirayi en Estambul. Fue elaborado en 1513, estuvo perdido durante más de cuatrocientos años y fue hallado en 1929. Su autor es un navegante turco llamado Muhaddin Piri Ibn Aji Mehmet, y según él mismo, lo elaboró basándose en la información obtenida de una treintena de mapas de marinos de todas las épocas y nacionalidades, incluyendo uno de Cristóbal Colón. Pero lo verdaderamente fascinante de este mapa es la increíble precisión con que se dibuja Sudamérica y el modo en que se recrea en zonas interiores que, en la época en que se hizo, aún no se habían descubierto. Y el colmo de los colmos es ver dibujada la Antártida, cuando esta se descubrió en el s.XIX, aunque hay que decir que siempre se sospechó de la existencia de tierra ignota en esa parte del planeta. 


Sin embargo, lo que ya nos deja fuera de juego es que Piri Reis dejó escrito que, en cierta ocasión, navegando a las órdenes de un capitán turco, tras una refriega con un barco cristiano, apresaron a algunos marineros y uno de ellos le aseguró que fue con Colón en el primer viaje; y que éste tuvo lugar en 1485. Posteriormente, en sus anotaciones en el mapa, escribió que las Antillas fueron descubiertas en el año 890 del calendario árabe, que, efectivamente, se corresponde con 1485. Y resulta que, como decimos, hay unos meses muy oscuros en este periodo de la vida de Colón: finales de 1484 y primavera de 1485. Evidentemente, hay investigadores que elucubran con la posibiliadad de que, de alguna manera, Colón hubiera podido hacer un viaje previo al del Descubrimiento. Pero, esto, como tantas y tantas cosas en la vida de este personaje, no  es más que especulación. Eso sí, no deja de arrojar más y más incertidumbres alrededor del Almirante y de su hazaña. 

Estatua de Fray Antonio Marchena
La Rábida
El caso es que Colón llega a Castilla en 1485, y tampoco el lugar al que arriba queda fuera de sospechas, ya que, en otra de esas enormes casualidades que rodean la vida de don Cristóbal, resulta que en ese monasterio vivía Fray Antonio Marchena, al que conocían como el "fraile estrellero" por sus vastos conocimientos en cosmografía y  astronomía (ciencias fundamentales en la navegación de la época), y que tenía grandes influencias tanto en la corte como en las más importantes casas nobiliarias andaluzas: las de los Duques de Medinaceli y de Medina Sidonia. Es este Marchena quien pone en contacto a Colón con todos ellos y quien le apoya sin fisuras hasta conseguir que ese apoyo lo tenga también tanto por parte de estos duques, (que lo llegan hasta alojar en sus casas), como después de los reyes, en especial de Isabel la Católica. Insisto, ya es casualidad que el "mendigo" de Colón cayera precisamente en La Rábida, al lado de este fraile estrellero y tan bien relacionado. Tanta, que escama, como una infinidad de cosas en la vida de este personaje.

Lo cierto es que no sorprende que tuviera tanta audiencia. El proyecto que presentaba era interesantísimo. En todos los términos, y no extraña para nada que cualquiera se sintiese atraído por la idea de descubrir nuevas tierras, anexionarlas, ganar dinero con lo que fuera que hubiese allí, comerciar con otras naciones, etc. Lo que sorprende es que tuviera acceso a gente tan importante. Es otra de tantas cosas sin explicación en la vida del Almirante. Y fue esa gente tan importante la que le llevó a contactar con los reyes, los cuales, en ese año de 1485, estaban inmersos en una empresa importantísima como era la guerra de Granada. Toda su atención estaba centrada en eso, y no fue hasta finales de ese año cuando le recibieron. Fue en Alcalá la Real (Jaén), y nos cuenta Andrés Bernáldez, cronista de la época, que ante la incredulidad primera de los soberanos:
Colón relata sus planes a los Reyes Católicos


"...él (Colón) les platicó muy de cierto lo que les dezía e les mostró el mapa mundi..."

El mapa mundi. Según la versión oficial, en ese mapamundi se veía Asia al otro lado del Atlántico. Y aquí me vuelve a dominar la incredulidad. ¿De verdad alguien puede pensar que Colón buscaba Asia? ¿De verdad pretendía convencer a los reyes para tomar las tierras de los chinos, indios o japoneses con tres barcos y ningún soldado? ¿No es más lógico pensar que en el mapa mundi que tenía les mostró las islas que pretendía alcanzar, que sí que podían ser tomadas para Castilla, de manera que así pudiera convencerles de que apoyaran su proyecto? ¿Qué rey en sus cabales iba a intentar hacerse con las tierras de otro país con tres barquitos? De verdad les digo que no me cabe en la cabeza que sigan enseñando esa versión en los colegios.


Universidad de Salamanca
Es evidente que los reyes se interesaron por el proyecto, pero sus esfuerzos seguían centrados en la guerra de Granada, y no fue hasta finales de 1486 cuando volvieron a hacer caso al asunto. En esas fechas, durante el habitual parón invernal que se hacía entre campaña y campaña a lo largo de la contienda granadina, una junta de sabios se reunió en la Universidad de Salamanca, rechazando el proyecto. Hay que tener en cuenta que el futuro Almirante venía escamado de Portugal, donde el rey también le dio de lado, pero mandó una expedición para comprobar si aquello podía ser cierto. No quería nuestro personaje que algo así le volviera a pasar, con lo que, en sus explicaciones, se debatía entre mostrar que era una empresa factible y, a la vez, ponerlo todo muy difícil, mostrándose él como el único capacitado para llevarlo a cabo. Al final, es de suponer que la exposición le quedó como algo parecido a un bodrio, y ese es el motivo por el que no convenció a la junta. Sin embargo, los reyes no dejaron de lado a Colón, sino que lo mantuvieron económicamente (está documentado). Se podría decir que el rechazo no lo fue tanto, sino más bien que la decisión se pospuso.
Colón ante la Junta de Sabios

A partir de ahí vino la tensa espera para el futuro Almirante. En esa época conoció a su segunda mujer, la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, con quien no se casó, pero sí que tuvo a su hijo Hernando en 1487. En 1488 recibió la ya comentada carta del rey de Portugal y viajó al país luso para reunirse con él y luego regresar. En 1489, Luis de la Cerda, el Duque de Medinaceli, estuvo a punto de financiarle el viaje, pero, según la versión oficial, demostró un sentimiento patriótico excelso y decidió que esa era una empresa digna de reyes, no de un simple duque, y así se lo hizo saber por carta la reina. Sin embargo, permítanme que no me crea esta versión tan romántica y caballeresca y vuelva a imponer el sentido común. Lo que la lógica dice (para mi al menos) es que fue el propio Colón quien rechazó esa financiación porque, como ya dijimos, él no pretendía comandar una flota, sino alcanzar la nobleza. Y eso sí que era cosa de reyes. Pero sí que llegaría a un acuerdo con el duque, de manera que este mediase ante la reina a cambio de una compensación si la historia llegaba a buen fin. Y de hecho, una vez que, efectivamente, tal cosa ocurrió, este Luis de la Cerda se reivindicó ante los monarcas, escribiendo a la reina Isabel y recordándole que fue él quien acogió y mantuvo a Cristóbal Colón durante los años previos al primer viaje.

Siguiendo con la sucesión de acontecimientos alrededor de Cristóbal Colón, la reina Isabel volvió a recibirle para contestarle lo mismo. Que todo aquello estaba muy bien, pero que la guerra de Granada iba antes. Entonces, Colón, desesperado, se marcha para La Rábida dispuesto a abandonar Castilla, pero en el convento onubense se encuentra con Fray Juan Pérez, antiguo confesor de la reina, que, tras hablar con él, decide montarse en un burro (literal) e irse en busca de doña Isabel, a quien tan bien conocía. Por favor, no pasen por alto la nueva y escandalosa casualidad que nos encontramos aquí otra vez. Nada menos que el antiguo confesor de la reina. O Colón tenía una suerte descomunal a la hora de encontrarse con personajes fundamentales, o (como dicta el sentido común) en esta historia hay un montón de cosas que permanecen ocultas y que, probablemente, nunca sabremos. Porque tantas casualidades no son normales. No es de extrañar que haya tantas teorías diferentes alrededor de este perosnaje.


Los Reyes Católicos
El caso es que este fraile convence a doña Isabel para que le de esperanzas a Colón, y estas se traducen en 20.000 maravedíes para su sustento y una nueva entrevista que tiene lugar en Santa Fe a finales de 1491, cuando la guerra de Granada está a punto de terminar. Es en esta entrevista cuando los reyes, por fin, dan su visto bueno al proyecto, pero las negociaciones se rompen cuando Fernando el Católico monta en cólera al escuchar las exigencias de Colón, es decir, que le nombren Almirante de las Mares Océanas y Virrey de todo lo que se descubra, aparte de otras suculentas prebendas en materia económica. Por cierto, y perdón por insistir tanto en lo mismo, si el objetivo de Colón era China y Japón, ¿pretendía nuestro personaje que los Reyes Católicos le hicieran Virrey de un territorio que ya tenía rey y que no tenía nada que ver con ellos? Es que esta versión no hay por donde cogerla, lo siento.

Colón se marcha de Santa Fe decidido a presentar su proyecto en otros países (de hecho, su hermano ya ha tanteado a los reyes de Francia e Inglaterra), pero es aquí cuando entra en acción Luis de Santángel, ministro de la corte aragonesa y presente en Santa Fe, que convence a los reyes para que reconsideren su postura, aduciendo que tienen muy poco que perder y muchísimo que ganar. Con Isabel fue fácil porque siempre creyó en el proyecto, aunque lo pospusiese continuamente. En el fondo, de lo que la convenció fue de que no lo pospusiese más. A Fernando, por su parte, le convenció porque, en el fondo, el rey aragonés estaba seguro de que la empresa no llegaría a buen fin, con lo que, ¿qué más daba lo que le prometiera a cambio?

Fue entonces cuando Isabel manda a un emisario a toda prisa para que trajera de vuelta a don Cristóbal. Todo estaba arreglado. Isabel cree en el proyecto y decide llevarlo a cabo. Fernando no cree en él, sin embargo, pero no se niega precisamente por eso: porque está convencido de que Colón no llegará a ninguna parte. Y el resultado final de todo esto fue que las tierras se tomaron en nombre de Castilla, y Aragón quedó apartado del muy lucrativo comercio con las Indias durante siglos. Fernando el Católico fue un gobernante excepcional, pero Isabel estaba por encima. De hecho, a pesar de que, en la época, la mujer solía plegarse a lo que mandara su marido, este matrimonio pasó a la historia con esa frase tan famosa del "tanto monta". Isabel no era menos que Fernando. Fernando nunca doblegó a Isabel. Y en asuntos como este del viaje a Occidente se demuestra que la altura de miras de la Reina era muy superior a la del Rey.

Como decía al final del anterior capítulo, una mujer a la altura en su grandeza a la del proyecto de Cristóbal Colón. Sin ese binomio, la hazaña nunca habría sido posible.

Capítulos siguientes: (VI) - (VII)

4 comentarios:

juan antonio de la rosa dijo...


Rafa me tienes embobao capitulo a capitulo.
Un Abrazo Triana1952

Rafael Sarmiento dijo...

Gracias, amigo. Me alegro de que te guste. Un abrazo.

Marcu dijo...

Solo unas líneas para decirte que te sigo; que por falta de tiempo no puedo comentar tan y como merecen estos magníficos artículos que estas sacando. Que mucho me temo que elegiste el camino equivocado en la Universidad; con leer detenidamente lo que escribes es fácil darse cuenta de ello.
Te felicito. Se ve que te gusta el tema y lo más importante, que lo dominas.


Un abrazo y aunque tarde y no como es debido, te sigo.

Rafael Sarmiento dijo...

Muchas gracias, Juan

Hubo un tiempo en que pensé igual sobre el tema de lo que estudié, pero ahora no tanto. Tengo mi carrera y mi ocupación, y por otro lado un apasionante hobby. Creo que salgo ganando con la elección que hice.

Y no te preocupes, que sé que andas por ahí. Me alegro de que te esté gustando.

Un abrazo.

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