viernes, 31 de mayo de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (IV)


EL PROYECTO

Capítulos anteriores:  (I) -  (II) -  (III)

Colón llega a Portugal

En 1476, después de que el barco en el que viajaba naufragase frente a las costas del Algarve tras una batalla contra corsarios, Cristóbal Colón llega a nado a Portugal. Esa batalla existió y está documentada, pero envuelve un misterio de lo más curioso, ya que el jefe del la escuadra pirata era un francés llamado Guillaume de Casenove, también conocido como “Colón el Viejo”. Como es de esperar, esto dispara las dudas y especulaciones, llegando incluso muchos historiadores a preguntarse en qué bando de la contienda se encontraba nuestro personaje. Esto es algo que se produce de una forma continuada en la biografía del Almirante. Cuando intentas investigar un poco para aclarar algún concepto, lo que consigues es encontrar otras cosas que aumentan las dudas. Y teniendo en cuenta la nebulosa que envuelve a los orígenes de Cristóbal Colón, ¿no resulta hasta escandalosa la casualidad de que un tal “Colón el Viejo” sea el capitán de uno de los bandos que entraron en batalla aquel día?

Portada del reportaje de ABC en el que se presenta la teoría de que
Cristóbal Colón era francés (1969)
Pero es que hay más. En el primer capítulo planteamos una serie de cuestiones acerca de asuntos que no tienen lógica alguna en la vida de Colón. En una de ellas nos preguntábamos qué quería decir nuestro personaje cuando aseguró a los Reyes Católicos que no era el primer almirante de su familia. Pues bien, este Guillaume de Casenove fue nombrado en su momento vicealmirante por el rey francés Luis XI, lo cual supera el mayor de los colmos. Y al hilo de esto, buscando información sobre este “Colón el Viejo”, encontré casi por casualidad en la hemeroteca de ABC un extenso reportaje publicado en 1969 y en el que se describe la teoría del historiador Fernando del Valle Lersundi (que perteneció a la Real Academia Española de la Historia) en la que asegura que, efectivamente, Colón fue familia de este Casenove, el cual habría nacido en Navarra. Puntualicemos que en Francia hay una provincia llamada Baja Navarra, (la provincia de Iparralde de lo que los vascos llaman País Vasco Francés). Y que la Baja Navarra pertenecía al Reino de Navarra durante ese tiempo, con lo que Casenove pudo haber nacido en la parte "francesa" de ese reino. Sin embargo, según las investigaciones que dan lugar a esta teoría, Cristóbal Colón sería gascón. La región de Gascuña es limítrofe por el norte con la Baja Navarra, con lo que todo se habría movido en esa zona. Pero esta es otra historia en la que no me voy a meter. Simplemente quise señalar otra teoría sobre el origen del Almirante, que nada tienen que ver con la historia oficial y que no había mencionado antes.

De la forma que fuera, Cristóbal Colón llegó a Portugal en 1476, y allí permaneció hasta finales de 1484. Es la época en la que, forzosamente, tuvo que dar forma a su plan. Además, estaba en el mejor sitio para ello. En lo referente a la navegación por mar, Portugal era, en la época, como Estados Unidos en la actualidad para la espacial. Evidentemente, no eran los únicos que la llevaban a cabo, pero sí, sin duda, los más avanzados en esas artes. En relación con esta estancia en el país luso, hay otros muchos interrogantes, como por ejemplo ¿por qué se quedó allí en vez de, simplemente, volver a casa? O el que señalamos en anteriores artículos, ¿cómo es posible que el hijo de un humilde tejedor genovés acabara casándose con una noble como Filipa Móniz de Perestrello? En verdad, interrogantes alrededor de este personaje surgen de un modo continuado, pero no me voy a parar en ellos en este momento. Vamos a hablar del proyecto.

La Escuela de Sagres y la Volta da Mina

Descubrimientos portugueses en el s.XV
www.magnaverum.com
Siguiendo con el símil utilizado anteriormente, la Escuela de Sagres era para la navegación por mar en el siglo XV como la NASA en la actualidad para la navegación aero-espacial. Alguno puede preguntarse por qué Portugal se desarrolló tanto en estas materias. Probablemente es debido a que su “Reconquista” acabó mucho antes que la de Castilla, con lo que, al ser un país completamente abierto al mar, sin otra frontera que la propia Castilla o el Atlántico, se entregaron por completo a este último, de igual forma que otras naciones hicieron lo propio con otras cosas, con otros objetivos. Aragón, por ejemplo, también expulsó a los moros que estaban en su parte mucho antes que Castilla, pero ellos, por su posición geográfica, se lanzaron al Mediterráneo. Lo que pasa es que en éste la competencia era mucho mayor, ya que había gran cantidad de naciones con intereses similares y las guerras entre ellos impidieron que pudieran centrarse en otros menesteres, como les ocurrió a los portugueses. A estos últimos, nadie les molestaba en sus exploraciones. Al menos hasta que se metió por medio Castilla.

Pero fue a raíz de la puesta en marcha de la llamada Escuela de Sagres cuando ese conocimiento se plasmó en éxitos de renombre. Fue fundada en 1417 en dicha localidad, situada en el Algarve, muy cerca del Cabo de San Vicente, por Enrique el Navegante, el hermano del rey Duarte I y tío del sucesor de este, Alfonso V el Africano, con quien se comenzó a abrir la ruta naval hacia el sur de Africa (de ahí el seudónimo, claro). Los descubrimientos se sucedieron a lo largo de aquellos años gracias a continuas exploraciones, casi siempre hacia el Sur. Y todo ello se pergeñaba desde este lugar del Algarve. Sin duda, la Escuela de Sagres fue el centro neurálgico del saber náutico de su tiempo, y todos los descubridores de la época fueron relacionados con ella, incluido Colón, por supuesto.

De los grandes avances náuticos impulsados por Sagres, podemos destacar la carabela, una embarcación mucho más acorde para el tipo de navegación que se estaba imponiendo (más veloz y ligera que la nao, pero con suficiente capacidad de carga para navegaciones largas). Pero, en mi opinión, el más sorprendente de todos, teniendo en cuenta que lo normal en la época era la navegación de cabotaje, es decir, a vista de tierra, fue la llamada Volta da Mina.

San Jorge de la Mina
La Volta da Mina
San Jorge de la Mina era una colonia portuguesa situada en el centro de la costa occidental africana, sobre el Golfo de Guinea, en la actual Ghana. Fue fundada en la segunda mitad del siglo XV y servía como puerto de carga de mercancías africanas con destino Portugal. Pero lo interesante no es eso, sino el recorrido que tenían que hacer los buques para volver desde allí al país luso (ver imagen). Llegar era más sencillo porque los vientos alisios favorecían la navegación por la costa. Pero esos mismos vientos obligaban a meterse muy mar adentro para regresar, teniendo que hacer una enorme parábola por el Atlántico para evitar que echasen a las embarcaciones más hacia el sur. Era lo que llamaban La Volta da Mina (la vuelta de la Mina). Sabemos que Colón fue testigo directo de cómo se debía hacer, y como veremos a continuación, es evidente que se trata de algo capital en su proyecto.

Los vientos alisios y contralisios

He aquí uno de los dos puntos vitales (el otro son las distancias) del proyecto de Colón: los vientos. ¿Recuerdan cuando, en el primer artículo, nos preguntábamos por qué el Almirante utilizó una ruta diferente para la ida y para la vuelta de su primer viaje? Pues la respuesta está a continuación.

Técnicamente, los vientos alisios son provocados por una subida de aire cálido en el Ecuador, la cual deja una zona de bajas presiones (un hueco, hablando en burdo), que es ocupada por otra masa de aire. Y ese movimiento de aire es lo que ocasiona estos vientos. El efecto de la rotación de la Tierra los desplaza hacia el oeste. Y como el eje de dicha rotación en nuestro planeta es oblicuo, estos vientos soplan del noreste al suroeste en el hemisferio norte (y no directamente de este a oeste), y en sentido contrario (de sureste a noroeste) en el hemisferio sur.

Por su parte, los vientos contralisios se producen porque esa masa de aire cálido del Ecuador, que subía dejando un hueco, se desplaza hacia otras zonas más frías (más al norte o al sur, según el hemisferio), provocando este otro viento. Ese desplazamiento se produce en dirección noreste en el hemisferio norte, y sureste en el hemisferio sur.
Vientos alisios y contralisios en el Atlántico - Hemisferio Norte

Al final, la cosa queda como se ve en la imagen, es decir, como si los vientos hicieran un recorrido casi circular en el sentido de las agujas del reloj en la zona atlántica del hemisferio norte (y en sentido contrario en el sur). Claro que esto lo sabemos hoy. En el siglo XV apenas se había navegado por el Atlántico, más allá de las expediciones portuguesas, por lo que el manejo de estos vientos era algo absolutamente innovador. Un espectacular avance en el saber náutico. Por eso se considera a la Volta da Mina como algo rompedor en su época (y no tanto por alejarse un gran trecho de la tierra firme), ya que con dicha ruta se utiliza la fuerza de los vientos alisios/contralisios como “motor” de los barcos. Y eso era algo desconocido y descubierto por los portugueses.

Primer viaje de Cristóbal Colón
¿Y qué tiene que ver esto con la aventura de Cristóbal Colón? Pues basta con mirar el recorrido que siguió en su viaje de ida y luego en el de vuelta para comprender que utilizó los alisios y los contralisios para impulsar sus barcos y hacer factible la travesía. Factible en el tiempo, es decir, que se pudiera realizar en un tiempo prudencial y acorde con la capacidad de carga de suministros de las naves de la época; y también factible para asegurar el regreso, ya que de nada sirve utilizar unos vientos para la ida si luego esos mismos vientos te van a impedir regresar. Por eso se da por sentado que Colón conoció la técnica empleada para realizar la Volta da Mina. Porque era la única ruta utilizada en la época que aprovechaba los vientos alisios y contralisios. Los primeros para la primera parte del recorrido y los segundos para la parte final.

Las distancias

Ya sabemos qué solución planteó Colón en su proyecto al problema de la velocidad de los buques y las rutas a seguir. El otro pilar del edificio era la distancia a recorrer, y aquí la cosa se complicó bastante, ya que las incertidumbres en este sentido eran enormes en la época. Hemos de tener en cuenta que don Cristóbal tuvo que presentar su proyecto a juntas de expertos tanto en Portugal como en Castilla. Es decir, a la flor y la nata del saber náutico de cada uno de los países. Por tanto, tenía que hablar con argumentos muy sólidos para tratar de convencerles, ya que no eran precisamente unos cualquieras. Hablar de los alisios, por muy innovador que fuera aquello en su tiempo, era fácil. Bastaba con poner el ejemplo de la ruta seguida por los portugueses para volver de San Jorge de la Mina. Eso ya estaba inventado, como se suele decir. Pero explicarles a esos señores que la distancia entre Castilla o Portugal y las tierras que él pretendía alcanzar era factible de hacer en un tiempo suficiente para no morir en el intento era otra cosa completamente diferente.

Lo primero que debemos decir es que Cristóbal Colón leyó mucho. Muchísimo. Más allá de la formación que recibiera y del modo en que lo hiciera, la biblioteca que legó a su muerte fue extensísima, y actualmente se conserva precisamente aquí, en Sevilla. Y fue en base a lo que leyó como llegó a sus conclusiones acerca de las distancias. Antes de juzgar estas conclusiones (erróneas de cabo a rabo), hay que ponerse en el lugar del Almirante y en la época en la que vivió. Esas conclusiones se obtuvieron en base, como digo, a la información que se tenía entonces. No había otra forma posible de hacerlo.

Así, según lo expuesto por Toscanelli, la masa de agua del planeta se extendía por 160º, de los cuales, 20º estarían explorados y 15º sería la distancia entre Japón y China. Por tanto, si se resta 20 y 15 a los 160º totales, el resultado es 125º, que debía ser la extensión del Atlántico de orilla a orilla. Esta cantidad se acercaba mucho a los 120º que intuía Marino de Tiro que ocupaba dicho océano. Y lo que hizo Colón fue restar a eso la ya conocida distancia que había entre Canarias y Africa, quedando el objetivo final en 45 - 50º. Para colmo, otro de los autores que leyó, el profeta Esdras, aseguraba que el mar era una séptima parte de la obra de Dios. Y como un séptimo de la circunferencia (360º) es 51º, nuestro personaje concluyó que todas las piezas encajaban.
Biblioteca Colombina

A la hora de pasar los grados a millas, volvió a confiar en las explicaciones de Toscanelli y en lo que decía Pierre D'Ailly en su Imago Mundi (otra de sus obras de referencia), y concluye que un grado equivale a 56 millas y 2/3, cometiendo el error final de basarse en la milla latina y no en la árabe (más corta la primera), quedándole una circunferencia de la tierra más pequeña aún. Según sus conclusiones, dicha circunferencia sería de 20.400 millas, que es una cuarta parte menos de la que en verdad tiene. Claro que eso lo sabemos ahora. En aquella época, era un dato tan difícil de hallar como de rebatir. Sin embargo, esos 50º (aproximadamente) de los que hablaba antes es la distancia real que hay entre Canarias y las Antillas. Las 700 leguas que dijo a su tripulación que navegarían.

Y en este punto, es fundamental preguntarse de nuevo a dónde pretendía llegar Colón. Yo lo lamento mucho por mis profesores de historia, pero no me creo para nada que Cristóbal Colón pretendiese llegar a Asia y tomar aquellas tierras en nombre de Castilla con tres barcos y una tripulación de marineros hambrientos y agotados. Tierras que pertenecían a poderosas naciones como China o Japón. No es que pretendieran entrar en guerra con ellos para conquistarlas, no, es que se trataba directamente de tomar posesión y punto. Eso no puede ser, no tiene lógica de ningún tipo. Por tanto, lo que dicha lógica indica es que Colón, de la forma que fuera, sabía de la existencia de tierras intermedias que no estaban dominadas por nadie, de modo que pudieran ser anexionadas y que sirvieran de puente con Asia. Recordemos que el objetivo final (según la historia oficial) era encontrar una ruta alternativa para comerciar con las especias, ya que la terrestre por Turquía estaba cortada, y la marítima que pretendían los portugueses aún no estaba completada y era considerablemente larga. Para eso no hace falta anexionarse los dominios de los chinos, sino simplemente tenerlos a tiro de navegación para comprar mercancías, cargar buques y trasportarlas. Y a mí me parece que lo más lógico es que el proyecto de Colón consistiese en llegar a esas islas intermedias y, a partir de ellas, encontrar la ruta hasta Asia. De hecho, los Reyes Católicos le prometieron títulos nobiliarios y derechos económicos a cambio de la consecución de un objetivo. Y le dieron esos títulos y derechos sin haber llegado a Asia, con lo que no podía ser ese el objetivo. Lo lógico es que tal objetivo fueran unas tierras intermedias,  las que efectivamente alcanzó y de las que se hablan en el contrato que suscribieron, en la Capitulaciones de Santa Fe, de las que trataremos en el próximo capítulo. Y aunque es cierto que Colón nunca fue consciente de que descubrió todo un continente, eso no es incompatible con la lógica de la que acabo de hablar. Es la consecuencia de los errores de cálculo en los que cayó por la poca información que se manejaba en la época. Sin duda, Colón estaba convencido de que Asia estaba cerca de las islas a las que quería llegar, pero el objetivo tenían que ser esas islas, no la propia Asia.

A las conclusiones a las que nuestro personaje llegó después de tanto leer, hay que añadir los indicios de los que hablamos en capítulos anteriores y, sobre todo, su experiencia. El hecho de haber estado navegando durante tanto tiempo y de haberlo hecho durante años con los mejores de su época, los portugueses. Cuando un hombre con la capacidad que se le supone a Colón, y sus inquietudes, ve tanto como vio, adquiere tantísima experiencia como adquirió navegando por todo el Atlántico conocido, escuchando las historias de tanta gente de lugares tan dispares (desde Islandia hasta San Jorge de la Mina), habiendo estado en contacto presumiblemente con sabios en la materia como Toscanelli, como Behaim u otros en la Escuela de Sagres, habiendo podido consultar los archivos de su suegro, Bartolomé de Perestrello, nada menos que el descubridor de Porto Santo, una de las islas de Madeira..., cuando todo eso se junta, sólo hace falta que alguien crea en ello de verdad y se decida a poner el dinero encima de la mesa. En el fondo, no es más que eso. Alguien que desarrolla un proyecto revolucionario, que es mirado por encima del hombro por los supuestos expertos en la materia, que es tildado de loco, que se harta de dar vueltas buscando a alguien que crea en él, que persevera, persevera, persevera..., hasta que por fin encuentra quien le da la oportunidad y ocurre lo inevitable: que gracias a él surge algo que cambia el mundo. 

No es Cristóbal Colón el único ejemplo, los hay a montones en la Historia. Lo que ocurre es que lo que Cristóbal Colón descubrió acabó por irse mucho más allá de lo que hasta él mismo pudo haber imaginado en el mejor de su sueños. Pero ese es otro tema. Lo cierto es que el futuro Almirante desarrolló su proyecto, lo presentó donde consideró conveniente, luchó por él y, finalmente, hubo alguien que acabó por darle credibilidad. Alguien con la misma altura de miras, con la misma grandeza. Alguien adelantado a su tiempo. Alguien como Isabel la Católica. 

Ya hablé de ella en su momento y me reafirmo ahora en lo que dije entonces: en mi opinión, el mejor gobernante que ha tenido España en toda su historia. En el próximo artículo hablaremos de cómo se desarrollaron los acontecimientos en Castilla para que, finalmente, Cristóbal Colón lograra su objetivo de ser enviado por los reyes a descubrir nuevas tierras.

Capítulos siguientes: (V) - (VI) - (VII)

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